viernes, 1 de mayo de 2026

    “La responsabilidad de los auditores parece excesiva”

    DOSSIER |

    Por J. R. Petersen


    Sergio Crivelli

    Sergio Crivelli, socio de BDO Argentina, dice que la altísima percepción del riesgo del trabajo del auditor está espantando a los jóvenes contadores. Sobre las propuestas de nuevas regulaciones que impulsan en Europa para fomentar la competencia, no duda: “Yo creo que está bien”.
    “El green paper de Europa advierte que hay un riesgo sistémico: como cuatro firmas se reparten 85% del mercado de auditorías de las compañías públicas (las que cotizan en bolsa), si llegara a haber un problema y una de las Big Four tuviera que caer, el sistema colapsaría. Apuntan a romper con esa concentración para evitar ese riesgo sistémico. Yo creo que está bien”, dice. Y añade que ese convencimiento va “más allá de los intereses que pueda tener BDO, que es la quinta”.

    –Una de las iniciativas europeas propicia obligar a las empresas a que roten a sus auditores, tanto para fragmentar el negocio como para evitar colusiones. Pero los críticos dicen que así se perdería expertise y aumentarían los costos.
    –Sería una muy buena medida para encarar una de las causas del problema. La principal condición que debe tener un auditor es la independencia profesional, y la rotación la favorece porque evita la familiaridad y la flexibilización del criterio para mantener a un cliente. La pérdida de la experiencia acumulada no es relevante; si no, nadie cambiaría de auditor.
    Es verdad que en el primer año hay más horas, pero ese costo lo asume el auditor y no son imprescindibles un montón de años para amortizarlo. También es verdad que conocer al cliente es bueno, pero 80% de los procesos son estándares para cada industria. Y una mayor competencia haría bajar los costos.

    –En el lugar de los reguladores, ¿qué haría para estimular la competencia y dar mayor seguridad a los servicios?
    –En primer lugar, fijaría los requisitos mínimos para brindar servicios a empresas de interés público. Luego crearía un registro con todas las firmas que cumplan esos requisitos, establecería la rotación obligatoria de auditores cada 3 ó 5 años y fijaría un límite de participación en el mercado, supongamos de 15%.
    Así se evitaría la gran concentración que hoy cuestiona la Comisión Europea, habría más movilidad y eso contribuiría a una mayor independencia que daría mayor seguridad y confiabilidad.

    –Esos cambios, ¿no darían mucha ventaja a un segundo grupo con firmas como BDO?
    –Habría un traspaso del negocio de un grupo de cuatro al grupo que le sigue y no van a entrar todos. Pero tampoco se puede pasar de un día para el otro de cuatro a 100 empresas. Serían cinco firmas más, pero pasar de cuatro a nueve es importante.
    Un esquema intermedio es la auditoría conjunta: en Francia se usa que empresas públicas tengan dos auditores. Eso, por un lado, evitaría que las Big Four perdieran mucho mercado de golpe. Y, por otro, reconocería que muchos no están en condiciones de auditar firmas globales muy grandes. Si comparten la auditoría una grande y una chica, habría una especie de coaching que permitiría más adelante abrir más el mercado.

    –Se daría una transferencia gratuita de know how...
    –Pero, desde el punto de vista de la Big Four, sería un mal menor.

    –Los auditores, ¿son los únicos proveedores de servicios de responsabilidad ilimitada?
    –No sé si los únicos, pero la responsabilidad que se pretende hacer recaer sobre los auditores parece excesiva. La desaparición de Arthur Andersen por el caso Enron parece un castigo desproporcionado.

    –¿Qué permanece y qué mutó en lo esencial de la auditoría?
    –Permanecen el criterio y el escepticismo profesional y el sentido de responsabilidad del auditor al emitir su opinión. Lo que mutó es el énfasis en producir evidencias: hoy trabajamos con el foco en documentarnos para eventuales juicios; en vez de pensar si es razonable o si cumple con las normas, se piensa en lo que hay que conseguir como evidencia para estar cubierto. Estamos poniendo demasiado foco en la forma y no en la esencia.